El gran depredador al que se le impide cazar la Gran Migración del Serengeti

Hay un depredador al que los ecologistas no dejan vivir en el Seregenti, por increible y absurdo que parezca

Una especie salvaje ha sido excluida por los conservacionistas de la naturaleza de realizar su papel. Se le impide cazar la Gran Migración. Una decisión de la autoridad del Imperio Británico, que administró esa colonia alemana tras perder el Kaiser la Gran Guerra del 14, ratificada tras la II Guerra Mundial por la Frankfurter Zoological Society alemana, cuyo fundador Bernhard Grzimek lideró la campaña internacional para proteger el Serengeti y el Ngorongoro. Tras la independencia, en diciembre de 1961, el Gobierno de Tanzania, siguió la política colonial europea, de modo que la sabana cuenta con un depredador menos.

No, no es que sea una especie invasora. Justamente en esta zona, en Olduvai, los paleontólogos descubrieron los restos más antiguos que existen en el mundo de ese depredador, ahora maldito y proscrito, pero que lleva allí más de 100.000 años en su versión actual, y varios millones más, contando a sus antecesores.

¿Como es posible, que los conservacionistas prohiban a un depredador, natural y autóctono de la sabana, cazar en ella? ¿Por qué el león, el leopardo, la hiena, el guepardo o los licaones si, y ese misterioso depredador no? Muchos se preguntarán cómo es posible semejante noticia. Nunca habían ni oído hablar de ello… En efecto, es un tema tan poco conocido que ni los propios causantes de esa barbarie se reconocerán, al acusarles con el dedo.

Pero  a fuerza de no dejar alimentarse, a esa especie maldita del gran cazadero del Serengeti –a la que no dejan ya seguir el reguero de carne de la gran migración, como hacen el resto de depredadores– está a punto de extinguirse sin que nadie diga nada ni muevan un dedo. Incomprensible, pero cierto.

La especie en cuestión es el depredador Hadzabé, Homo sapiens sylvestris, ser vivo que ocupa uno de los lugares más altos de la pirámide trófica en la cadena alimenticia de la fauna salvaje.

Hace 10.000 años, en el mundo solo existían ellos, los cazadores recolectores paleolíticos. Nosotros, neolíticos, aún no habíamos sido “creados” por “Dios”, que aún no existía, ni Él, ni ninguna de las religiones de los patriarcas violadores que las inventaron para perpetuarse en  el terrible sistema social que instauraron y que es en el que vivimos.

(Continuará)